Yo voy a contar dos de los que me acuerdo:
1.- Iba yo un día de lluvia a clase. Pues bien, ese día tuve que coger el tren y llevaba todos los chavalines mojados. Después de un rato de viaje, me dispongo a bajar del tren cargada con el bolso y un tocho de libros. Pues nada, como el suelo de la estación es apto para pegar resbalones y todos sabéis lo que resbalan unas converse mojadas...CATAPLAF...yo en el suelo. Yo ya muerta de vergüenza porque todo el mundo me miraba. Pero ahí no queda la cosa, porque en cuanto me pongo de pie y me incorporo, doy otro paso y...CATAPLAF II... Ahí sí que me tapé la cara y salí casi corriendo con mucho cuidado, rezándole a todos los dioses que no hubiera por allí alguien que pudiera reconocerme.
2.- Este es un poco más asqueroso, así que no apto para estómagos con poco aguante.
En pleno invierno y en pleno examen de química de 2º de bachillerato. Yo estaba súper resfriada, y ese día se me había olvidado llevarme pañuelos. Pues estaba yo tan concentrada haciendo mi examen cuando me pasé la mano por la nariz, cuando de pronto me percato de que tengo la mano llena de una sustancia verde asquerosa y gelatinosa (¡era enorme! Nunca habéis visto algo semejante). No sabía lo que hacer. Intenté esconder la mano y seguir haciendo el examen con una sola, pero no estaba cómoda. Entonces, me da por girar la cabeza, y veo que la profesora me está mirando con cara de asco y extrañada. Tuve la genial idea de meterme la mano debajo de la camiseta y limpiarme ahí. No pude hacer otra cosa. Desde entonces la profe siempre me miraba con otros ojitos, y yo llevo pañuelos hasta cuando no los necesito. No lo he pasado peor en mi vida.