EL AMANTE NOCTURNO DE AVRIL
(Relato erótico para mayores de 18 años (¿menores acompañados de padres, xD?)
Avril despierta. No sabe dónde está. Ah, sí, en su habitación del hotel, la mañana siguiente al concierto. Entra el sol por la ventana. Está medio amodorrada, dormida aún.
Empieza a despejarse, con el recuerdo de las caricias de su amante nocturno... ¿su amante? Pero si está sola en la cama... aunque las sábanas huelen a sexo y toda la cama está revuelta tras el frenesí de una noche de amor incesante. Al apartar la colcha, descubre tres preservativos usados, y sobre la mesilla de noche el tubo de crema lubricante que... Oh, por favor, qué ha hecho. La primera noche que pasa fuera de casa desde que se ha casado con Deryck para un concierto, y ya ha perdido la cabeza por... ¿por quién? ¿Quién era?
No consigue recordar el rostro de su amante nocturno, sólo la fuerza y el vigor con que la ha poseído. Sus manos, rodeando sus pechos, acariciando su cuerpo, recorriendo sus caderas, separando sus piernas para la primera penetración. Aún conserva el sabor de sus besos en los labios, el tacto de su miembro en la mano, el recuerdo de su frotarse en su interior...
Va al cuarto de baño y llena la bañera de agua bien caliente, y luego se sumerge en ella, y el contacto con el agua reaviva las sensaciones de placer que su amante le ha proporcionado esta noche... pero no su rostro. Sigue sin saber quién era, como si no tuviera cara.
Se mete en el agua, que la recibe y la envuelve como otro amante ansioso de besar su piel, de rodear toda su carne. Al enjabonarse, sus dedos rozan la fina piel del interior de sus muslos, y eso la excita, porque su amante lo ha hecho, se los ha acariciado con la punta de los dedos para excitarla, para prepararla para el amor. Sus manos tratan de evocar las del amante desconocido, y oleadas de placer recorren su menudo cuerpo. Cierra los ojos: la bañera es una cama, el agua que la envuelve, su amante convertido el líquido elemento, el calor es el mismo que sintió esta noche...
Evoca a su desconocido amante en su interior, cómo le ha recibido con ansia, con deseo, con ganas, sin negarle nada, dándole todo su cuerpo y ansiando que él tome aún más de lo que le ofrece. ¿Quieres que hagamos esto? Sí, mi amor, espera que me dé la vuelta... Pon esta almohada bajo mi estómago, así... con cuidado, amor, prepárame. Así, mi cielo, así, mi vida... suave, suave... El recuerdo de lo vivido la excita y empieza a acariciarse rememorando esos momentos. Pero su mano es un pobre sustitutivo de su amante, y en vez de placer lo que recibe es la sensación de echarle de menos, de necesitarle...
Y su rostro se niega a revelarse. Sólo tiene sensaciones suyas: tacto, gusto, calor... Sus dedos hurgan en el interior de sí misma, allí donde él la ha amado, como si esperara encontrarle, pero queda insatisfecha: él no está. Su amante era más imaginativo, más fuerte, le daba más, la hacía vibrar todos los nervios. Recuerda todo eso, menos su rostro.
Cuando más tarde, envuelta en un albornoz, el pelo aún mojado, vuelve a su habitación, algo la sorprende. La cama está desordenada, sí, pero menos de lo que le ha parecido al despertar. Y los preservativos y el lubricante ya no están. Han desaparecido. ¿Ha entrado alguien en el cuarto? No, imposible. Todo lo demás está igual. Nadie se hubiera atrevido a entrar estando ella aún en la habitación...
Amntes de que encuentre una explicación para esto, suena su móvil. Es Deryck. Oh, cómo va a poder...
--Hola, amor --dice Deryck, cálidamente--. ¿Ya estás levantada? ¿Qué tal el concierto? Te he echado de menos, ¿sabes?
--Oh, Deryck, yo...
--Ya me lo figuro. Tú también, ¿verdad? Oye, ¿quieres reírte un rato.? ¿Sabes qué me ha pasado esta noche. Pues, vaya... que he soñado contigo. He soñado que follábamos como nunca, hasta tres veces lo hemos hecho. Entregándonos a todo... ya me entiendes... Pues, mira, cuando me he despertado esta mañana me sentía como si... como si hubiera ocurrido de verdad. Hasta la cama parecía más revuelta que si hubiera dormido solo... No veas... Pero no ha sido más que una fantasía. Al volver de la ducha, todo estaba como debía estar. Vaya cosas, ¿eh? Pensarás que estoy chalado...
Avril abraza como sus manos el teléfono, como si le abrazara a él.
--No, cariño --musita, dulcemente--. No pienso eso ni mucho menos. Creo que ha sido... muy bonito, sí.