Capítulo 1. Destino Los Santos (L.S)
- ¡Más burbujas! – Gritaba Avril Lavigne desde su yacuzzy de su mansión de Los Santos, ciudad famosísima en la tierra (además de cara).
Nada había cambiado en la vida de Avril por aquel entonces, excepto, tal vez, que estaba casada y de vacaciones. No había nada que podía estropear ya la vida de esta nueva niña rica, nada excepto lo inesperable, y como sabemos, nadie nunca acaba esperando lo inesperable…
- ¡He dicho MÁS BURBUJAS!
- Sí, señorita… - asintió sumiso su criado, Wallum, el hijo de Gollum y Wally, un extraño engendro a rayas que no sabía hacer otra cosa que mentir, espiar, arrastrarse, y lo peor de todo… esconderse para ser encontrado tan sólo en los momentos más innecesarios, cuando uno ya se ha cansado de buscarle hace rato.
- ¡Señora! ¡Señora Wibley! – volvió a gritar Avril mientras Wallum cumplía con sus tareas. Había que reconocer que la tía, desde que el pringado de Dios había dejado de bendecirla con el don de la serenidad y Derick, su marido, había decidido darle más sexo entre semana que los fines de semana, que era cuando ellos salían y se emborrachaban, estaba un poco ida de la olla. Por eso, o por algo, tal vez, mucho más misterioso y recóndito… Algo… O alguien…
Al mismo tiempo, en los confines de los fines de debajo de la tierra, el Infierno ardía anormalmente, ya no se escuchaban los gemidos de las Tuta, ni las órdenes obscenas del gran señor y amo Satán después de pronunciar sus nombres. Cath y Jill gritaban, pero no de excitación, ni de culminación, ni de calentón, ni por el remojón… Gritaban de miedo y angustia.
- ¡El grifo! ¡HAN MATADO AL GRIFO DE LA GRAN DUCHA TUTAL! – Se asomó a gritar Cath con los ojos llenos de lágrimas desde el gran palacio de Venalosvalles, justo al lado de la mansión donde vivían Nuri y el chulo de las Tuta, Louis Chulo, y justo al lado también de la mansión propiedad de Cath desde hacía muchos años (Condoland) y la cual compartía ahora con el periodista de los infiernos Peter Punk (también se compartían y todo eso, haciendo honor a el nombre de su bonita mansión).
En Venalosvalles (la versión original de Versalles, una mera copia) las Tuta y Satán gobernaban y fustigaban sin tiempo a tomarse unas vacaciones, pero aquel suceso cambiaría la historia de las Tuta… Cath y Jill tuvieron que viajar a la Tierra en busca de un grifo (también llamado alcachofa machil) nuevo, y todo ello les llevaría a averiguar el paradero del asesino, el engendro abominable que se había atrevido a acabar con el grifo, y con todos los gemidos de los infiernos. Pero las Tuta no iban a dejar que esto se alargara eternamente, gracias a Peter Punk, Cath decidió trazar un plan…
- Tengo una sorpresa para ti… - dijo Peter al tiempo que se acostaba en la cama al lado de su esposa.
- Sabes que ya soy lo suficientemente puta como para saber que escondes… - pero Peter la interrumpió.
- No seas tonta, mira esto, es una revista que se lee mucho en El Cielo, y también en la Tierra – dijo dándole a la Tuta una revista con un artículo marcado. La revista se titulaba Loka!Magaziné, y se presentaba como una revista para rebeldes adolescentes con falta de práctica sexual pero curiosidad por ello, en la cual habían diferentes apartados para las distintas “culturas” urbanas del momento, todas igual de pijas. “Qué clase de punk iba a gastarse ciento setenta euros por unas botas?” Escuchó que decía Peter para sus adentros mientras se daba la vuelta en la cama, pero Cath estaba demasiado absorta como para prestarle atención, (y eso era bastante difícil, ya que el efecto que causaba aquel hombre en la hermana de Jill Allan Poe era hormonalmente anormal, así que nos podemos imaginar la magnitud de la situación).
- “Avril Lavigne encarga ducha anormalmente espaciosa con el grifo más grande del mundo…” ¿La ducha con el grifo más grande del mundo está en la Tierra? – A Cath se le iluminaron los ojos. Se giró, y marcó el número de la mansión de su hermana postiza en su teléfono fálico.
- Al habla Jill Tuta, especialista en bajos, preliminares y alargamiento de situaciones, digame… - Contestó Jill.
- ¿Wo?
- ¡Wo! Cath, aún sigo deprimida, no puedo con esto, no puedo escuchar tu voz y pensar que no voy a poder hacerte gemir, y sobretodo que yo no gemiré nunca más con el grifo…
- Eso se ha acabado hermana, la solución está en la Tierra; La Mansión Lavigne en Los Santos.
- ¡¿Los Santos?! Ni de coña me meto yo ahí, ¿la falta de sexo lésbico te ha afectado al cerebro? ¿Qué se supone que tenemos que encontrar en ese sitio que nos sea de la más mínima utilidad?
- A una chica, ídolo adolescente…
- Joder, ya empiezas, primero intentas meter a Angelina en la ducha, me riñes porque yo me tiro a Scarlett – interrumpía Jill.
- …Y la mayor alcachofa machil del universo… - El teléfono se cortó a los cinco segundos de silencio; Cath esbozó una sonrisa.
En tan sólo diez minutos Jill Tuta estaba frente a Condoland, a lomos de Filadelfia, su fiel tortuga derrapadora, el más rápido medio de transporte, (por delante incluso de la nube de Son Goku) y dos plazas. Cath no tuvo que decir nada más, susurró la dirección de la mansión Lavigne a Filadelfia, se montó detrás de Jill y ambas Tuta se agarraron al caparazón de Filadelfia, que derrapaba a toda velocidad hacia su destino.